introducción

 

Es un misterio, un mundo desconocido... es tan peculiar la forma en que nos miran los gatos. Parece que nos observan con desdén, pero descubrí algo cuando soñé con sus ojos: algo desconocido y estimulante.

Los gatos son viajeros y grandes contadores de historias. Me sorprende pensar que su mirada refleja una especie de desconsuelo ante nuestra ignorancia, pero lo más curioso es su fidelidad hacia nosotros. Quizás sea porque, para un buen cuentacuentos, es esencial tener un buen oyente, y ellos nos consideran excelentes, aunque no comprendamos más que sus maullidos.

Nuestra relación es tan cómica que parece que los insulta cada vez que se esfuerzan en contarnos sus travesías con ingenio y elocuencia. Quizás pierden la paciencia ante nuestra falta de imaginación; no lo sé. Conozco sus ojos, pero no sus pensamientos.

Una noche soñé con mi gato, y en esa ocasión, me sorprendió. Su mirada me transmitía aquello que realmente necesitaba expresar. Los ronroneos y maullidos cobraron significado, y el entendimiento llegó por sí solo. "¿Dónde me encuentro?", me preguntaba en mi mente, pero las tranquilas palabras de mi gato me guiaron. Pronto me di cuenta de que ya no estaba en nuestro mundo, pues la verdad me fue revelada: los gatos viajeros toman caminos peculiares, y yo había llegado a otra nación, incluso a otro mundo. Qué talentos tan extraordinarios nos ocultan... Mi gato me explicó que todo lo hacía para buscar las mejores historias y compartirlas con nosotros; los devoradores de cuentos o los soñadores de leyendas. Así es como éramos conocidos los humanos en los mundos vivos.

Todo humano que aprecia a un gato es admirador de las buenas historias, transmitidas de ronroneo en ronroneo a lo largo de generaciones. Habitan en nuestros corazones. ¿Habrá otros, como yo, que prestaron suficiente atención a su gato y descubrieron sus maravillas? Supongo que más de un buen cuento tuvo alguna influencia entre su autor y su amado gato.

Lo cierto es que me encontraba en un desierto bajo un cielo de incandescentes colores. No hacía calor, pero la luz cambiaba con tal frecuencia que mi corazón se sentía atónito. Mi gato estaba frente a mí, y su mirada me decía que me preparara: una historia estaba a punto de comenzar.

Comentarios

Entradas populares